Presenta ante el partido su carta de intención para ser candidato el ex-secretario de Hacienda.

28/11/2017 09:29 / Centro, Tabasco

Sin cuidar las formas, el nuevo PRI que decía representar Enrique Peña Nieto, volvió a las añejas prácticas y nuevamente salen a relucir los términos que estaban un tanto olvidados. Como si fuera un juego de lotería, resuenan las palabras tapado, gallo, destape, cargada, dedazo, vieja escuela, dinosaurios, parte de un vocabulario que se recicló desde ayer.

Y es que José Antonio Meade Kuribreña renunció ayer como titular de la Secretaría de Hacienda para buscar la Presidencia de la República en 2018. En un acto realizado a las 11 de la mañana de ayer en Los Pinos, encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto, se anunciaron cambios en el gabinete federal.

Así, tras la salida de Meade de la SHCP, llega en su lugar José Antonio González Anaya, quien fungía como director de Petróleos Mexicanos (Pemex), cartera que ahora está a cargo de Carlos Alberto Treviño Medina, ex director corporativo de Finanzas y director corporativo de Administración.

Previamente –y tratando de cuidar las formas, aunque en realidad todo estaba planchado desde el vienes pasado, como lo publicamos en este espacio–, José Antonio Meade presentó su renuncia a la Secretaría de Hacienda.

Peña Nieto le deseó “el mejor de los éxitos en el proyecto que ha decidido emprender”, y los elogios abundaron: “hombre de bien…”, “…con profundo amor a México”, que a su paso por tres secretarías de estado “acreditó su sólida formación académica y profesional… el conocimiento de las necesidades del país… y su potencial de crecimiento”, para luego caminar hacia él, darle un apretón de manos y dirigirle unas palabras al oído.

El dedazo, mensaje y destape oficial fue más que claro. Si hay otros precandidatos del PRI, y se llegarán a registrar, no la tendrán nada fácil ante la unción oficial.

Luego, el ritual al viejo estilo. La visita a los sectores del PRI que estaban olvidados y en desuso: El obrero, el campesino y el popular.

La cargada en la Confederación de Trabajadores de México, las porras y los abrazos. Meade Kuribreña ya era esperado en la máxima (y vetusta) CTM, en Vallarta número 8, donde su líder Carlos Aceves del Olmo, al viejo estilo que impuso el desaparecido Fidel Velázquez, le levantó la mano y se deshizo en halagos para con él. “Candidato de la esperanza”, le llamó sin empacho alguno, a pesar de que aún no son los tiempos de registro.

 

Comentarios Facebook